Era de esperar


Para saber que a Rosario Porto y Alfonso Basterra los iban a condenar no hace falta ser ducho en Derecho. Tras observar el desarrollo del juicio, uno se iba haciendo una idea de cuál iba a ser la sentencia, a pesar de que el móvil del crimen no aflorara. Llegaron a la Audiencia condenados mediáticamente, y salieron en similar situación procesal, tras escuchar el veredicto de un jurado popular cargado de buenas intenciones, pero con una responsabilidad excesiva para cualquier ser humano no experto en derecho. Es muy difícil, por no decir imposible, tras dos años de no hablar de otra cosa en las televisiones, acudir a dirimir un asunto tan complejo sin la opinión condicionada. Son miembros de un jurado, pero ante todo son personas, padres de familia, y gente que detesta tan abominable crimen lo cometiera quien lo cometiera. Si a los ya condenados los hubiesen juzgado tres experimentados magistrados, cuando menos la condena no hubiese resultado por unanimidad, ya que las pruebas no fueron tan concluyentes como pueda parecer. No pretendo parecer en posesión de la verdad. Me limito a pensar como jurista. Como lo hay que hacer en estos casos.

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Era de esperar