Retranca y política


El próximo viernes se defiende en Pontevedra una voluminosa tesis doctoral sobre la obra del admirado Xaquín Marín, genial humorista gráfico de este periódico. No ofrezco valoración alguna sobre la investigación, porque figuro en el tribunal que la juzgará. El autor, Félix Caballero, introduce la figura de Marín con una serie de disquisiciones sobre la historia y la peculiar naturaleza del humor gallego y sobre por qué se está perdiendo en nuestros días.

El humor gallego, como se explica en la tesis, se caracteriza por un cierto carácter defensivo, melancólico y sutil, que opera en el ámbito de lo sobreentendido y rehúye la carcajada fácil, justo lo contrario del humor frontal, zafio y brusco que se impone en los medios de entretenimiento masivo. Nosotros, a veces, ni siquiera lo percibimos como humor, sino como un modo de ser. La señora que, a la pregunta sobre si había misa a tal hora en aquella iglesia, contestó «hasta ayer la hubo», no pensaba que hacía un chiste, pero quien me contó lo sucedido reía sin parar. Entendía que la señora no quería comprometerse, algo «tan gallego». Pero la señora, en realidad, se había comprometido tanto como le era posible: le había dado toda la información disponible, exactísima y suficiente para que su interlocutor decidiera, sin especular.

La retranca gallega requiere mucha sabiduría para ser ejecutada y presupone una delicadeza casi innata, un respeto tremendo a la propia intimidad y a la ajena, un miedo a herir que quizá otros tomen a guasa, pero que convendría mucho generalizar. Por desgracia, la estamos perdiendo a todo correr y no solo en la tele o en la calle, sino en el propio Parlamento de Galicia.

@pacosanchez

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