El Planeta se lo tenían que haber dado a Nacho Mirás. No tienen ni idea. Como otro premio Planeta a la sonrisa más inabarcable se lo debería llevar Andrés López, compañero en publicidad. Les explico. La Voz la hacemos entre muchos en equipo y solo ustedes la convierten en posible leyéndola ahora mismo. Andrés López nos dejó de golpe brutal justo el día antes de empezar sus vacaciones. Qué tipo Andrés, una risa noble, siempre a favor de obra. Se fue esta semana Manuel Pillado, que fue subdirector de La Voz. Manuel Pillado, un galardón al caballero sobrio. No hay guion en la vida. Y ahora Nacho Mirás. Demasiado. Demasiado absurdo. Mirás Fole no escribía. Él tecleaba, como en el pulso de la gaita que tocaba, unas crónicas y unas entrevistas fabulosas. Entre la risa y la sonrisa, como Andrés. Amable, como Pillado, ya jubilado, paseando por Riazor. Nacho Mirás era de amar. Era como un niño. Se enamoró de la redacción. Se enamoró de su mujer, de sus hijos, de sus padres, de sus amigos. ¡Se llevaba bien con los fotógrafos!, que, como todo el mundo sabe, son como los técnicos de sonido de la radio o los cámaras de televisión, raros, raros. Como artistas. Tenía ese don. Estrenar. Sobre la Vespa hacía que Santiago fuese Roma y él, Gregory Peck, como si se lo hubiese imaginado todo el José Luis Alvite más clásico. Sus entrevistas en la última página de La Voz, la Cara B, nunca debieron parar de sonar. Eran música. Nacho Mirás, como el niño que no sabía dejar de ser, era un rabudo. Tenía prontos y repentes. Se enfrentó al cáncer, que, Nacho, era más que nuestro signo del zodíaco, como un valiente. Y en público. Con un blog y un libro para enseñar en las universidades, como enseñó él. Mirás, por delante y por detrás, era valiente y bueno. En una profesión, como el periodismo, cativa, o, como todas, picada de envidias, emponzoñada de odios, la mejor manera de comprender a Nacho es sencilla. Todos lo querían. No hay más que añadir. Solo transcribir esa charla de nunca entre Alvite y Nacho que por desgracia se ha dado.
-Nacho, ¿qué haces aquí si te di mal la dirección a propósito?
-Ya ves, maestro, la Vespa.
Cuánto nos hubiésemos reído sabiendo que eres trending topic, o como se diga, como los de Gran Hermano. Ningún vikingo desembarcó en Catoira como ese chaval de Lavadores en sus crónicas Al sol. Y sí: los abrazos tienen que durar más de ocho segundos, ya sabes, para que funcionen. Como este artículo.