En el último capítulo de la primera temporada de la magnífica serie Boardwalk Empire se produce una escena didáctica y enriquecedora para estos tiempos en que todos prometen cambiar y cambiarnos: transparencia, y transparencia, y más transparencia. Nucky Thompson, el protagonista (medio político y medio gángster) pronuncia una frase que yo consideraría magistral. Su amante le dice: «Tienes un alma generosa, no sé cómo puedes hacer lo que haces». Nucky, impertérrito, contesta: «Hemos de decidir por nuestra cuenta con cuánto pecado podemos vivir». Eso ha sucedido en Galicia y en España en los últimos años. Les podría narrar todas las operaciones político-judiciales que se han producido, pero son de sobra conocidas. Algunos políticos, auténtica escoria para la política y la ciudadanía, no supieron medir la cantidad de pecado con el que podrían sobrevivir. Y sobre ellos actuó y actúa la Justicia. Para una parte de la sociedad no fue, ni es, suficiente. Son muchos los que consideran que volverán a las andadas. Nadie lo diría escuchando lo que se escucha casi a las puertas de unas elecciones generales de trascendencia enorme para todos. Los clásicos pedirían alcanzar la perfección y aguardarían que en política no hubiese pecados. Es imposible. Me gustaría escribir lo contrario. Pero el poder es una tentación. Nucky Thompon y usted lo saben.