Qué desastre tan espléndido


A principios de los años noventa, cuando ETA todavía hacía estremecer los cimientos del país con su barbarie fascista, Francisco Fernández Ordóñez, una de las inteligencias mejor amuebladas de la política nacional, dejó sobre la mesa una frase que entonces sonaba a brillante juego de palabras, pero que hoy retumba en nuestros oídos como una carga de profundidad:

-El problema no es el País Vasco, el problema es Cataluña.

Quién lo diría entonces, cuando a Pujol lo nombraban hombre del año en España y el idilio de los Juegos Olímpicos estaba a punto de culminar con Peret entonando el Amigos para siempre en la falda de Montjuich.

Aquel 1992, CiU alcanzó uno de sus mejores resultados en las elecciones autonómicas, con 70 escaños, que sumados a los 11 de ERC daban una aplastante mayoría nacionalista de 81 diputados en el Parlamento catalán. Muy lejos de la cifra obtenida ayer por Junts pel Sí -62 parlamentarios, el peor registro conjunto desde los 57 de 1980 (43 de CiU y 14 de Esquerra)- y por debajo del icónico 50 % de los votos. Pero más que suficiente para vender la victoria entre sus huestes y seguir echando combustible a la hoja de ruta hacia la secesión con el apoyo de los 10 díscolos de la rupturista CUP, la apuesta independentista de quienes prefieren la versión original, cruda y sin matices de Antonio Baños al separatismo tardío y de salón de té de Mas.

Con la CUP al mando de los fogones del proceso, Artur Mas, que hace tiempo ya que va por la política tambaleándose como uno de esos muertos vivientes del apocalipsis zombi, está amortizado; ha sido barrido por la ciclogénesis explosiva que él mismo puso alocadamente en marcha con sus soplidos. Si se cumple el guion de la campaña, Baños pedirá la cabeza de Mas y Junts pel Sí se la tendrá que servir en bandeja de plata para continuar su travesía hacia el abismo.

Después de tres elecciones en cinco años, con los puentes dinamitados y las naves quemadas en la orilla, con una sociedad fracturada y una incertidumbre que hace temblar de frío a los gurús del Ibex 35, la herencia del hereu le ha valido el cartel oficioso de peor presidente de la historia de la Generalitat de Cataluña. Y son nada menos que 129 desde 1359.

A mí todo esto ya a lo único que me recuerda es al sirtaki final de Zorba el griego, cuando Anthony Quinn le suelta a Alan Bates:

-Jefe, ¿ha visto alguna vez un desastre tan espléndido?

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Qué desastre tan espléndido