Desintoxicación


Hasta que, dentro de unas horas, las pantallas empiecen a escupir escaños y porcentajes, hay que tomar aire y desintoxicarse de una de las campañas más largas, agrias y estériles que se recuerdan por estos pagos.

Hay que olvidar a esos políticos infantiloides jugando a las banderitas en el balcón de Sant Jaume; al no-candidato Mas repartiendo cortes de mangas o butifarras; a Margallo y Junqueras perdidos en su bucle irresoluble; a Coleta Morada (el rudimentario mote se lo puso él mismo) imitando torpemente al Krahe que abominaba de la OTAN y Felipe; a Iceta lo peta y su bailongo; y a Romeva detallando para qué aspira a la independencia:

-¡Queremos hacer el amor como nos da la gana!

Pero, sobre todo, hay que borrar cuanto antes de nuestros cerebros ese momento en el que sentimos una extraordinaria conmoción en la fuerza al escuchar a Mariano Rajoy replicando a Carlos Alsina:

-¿Y la europea?

Todos nos preguntamos entonces por qué los asesores y gurús de Génova 13 decidieron sacar al presidente de su plasma y pasearlo hasta por Radiotaxi, si luego le preguntan y, lo que es más arriesgado, contesta:

-Está muy claro: un vaso es un vaso y un plato es un plato.

Acabáramos.

Mientras unos y otros regresan hoy a su Matrix, para olvidarlos lo mejor será abrir El Quijote por su capítulo LXI, De lo que sucedió a don Quijote en la entrada de Barcelona, con otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo discreto, y recordar que llevamos juntos desde mucho antes de la llegada de don Quijote y Sancho a Barcelona una víspera de San Juan, ya de noche, tras andar «por caminos desusados, por atajos y sendas encubiertas».

Igual no está de mas releer ese pasaje en que don Quijote y Sancho entran en Barcelona y ven, por primera vez, el Mediterráneo: «Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar, hasta entonces dellos no visto; parecióles espaciosísimo y largo, harto más que las lagunas de Ruidera que en la Mancha habían visto; vieron las galeras que estaban en la playa, las cuales, abatiendo las tiendas, se descubrieron llenas de flámulas y gallardetes que tremolaban al viento y besaban y barrían el agua».

Cómo alivia la prosa de Cervantes después de quince días viendo a los políticos hacer de memes de sí mismos. Aunque mucho me temo que esto ya no lo arregla ni la caballería andante, porque la canción en la que vivimos desde hace meses ya la tarareaban los Talking Heads en los ochenta. Y se titula Road to Nowhere.

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