24 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.
El Supremo ha hablado: los afectados españoles por la talidomida no verán ni un duro del laboratorio que envenenó a sus madres (y de paso a ellos) porque han llegado tarde. No discute el tribunal que tienen toda la razón del mundo en sentirse perjudicados, ni que la culpa sea de la farmacéutica Grünenthal por seguir despachando un producto que sabían tóxico. No, el único problema de estos miles de hombres y mujeres con su vida totalmente mediatizada por la deformidad de sus brazos o piernas es que recurrieron a la Justicia fuera de plazo.
Es irónica la situación, que la Justicia se refugie en la tardanza. No digo yo que no sea legal, no hay duda de que lo es, pero ya empezamos a estar hartos de que las leyes sean la única vara de medir.