Hace falta algo más para evitar la catástrofe


Declaraciones de líderes internacionales, de organizaciones empresariales, financieras o simplemente ciudadanas, editoriales y artículos en medios de comunicación han dejado suficientemente claro que una Cataluña independiente de España es inviable. Ha habido reiteradas manifestaciones del Gobierno y de personas destacadas sobre el respeto a la ley y su obligada defensa por el Estado. No es momento para reproches, ajustes de cuentas o petición de responsabilidades; ocasión habrá. Tal como están las cosas según los sondeos que se han ido publicando, lo fundamental es, simplificando, si Mas obtendrá la mayoría suficiente para formar gobierno. No habría que enredarse en otros temas. Es preciso priorizar los objetivos en cada tiempo. No importa que no obtenga la mayoría de los votos emitidos, y mucho menos del censo electoral. Un Gobierno presidido por Mas con respaldo parlamentario mayoritario es tan legítimo como el de Rajoy. No declarará la independencia; y si ocurriese es obvio que no sería efectiva. Pero a nadie se le oculta que el problema de fondo se agravaría. Los nacionalistas, aunque ahora Mas parece que se ha precipitado, juegan con perspectivas de largo alcance. Y no se olvide que las elecciones generales es probable que ofrezcan un escenario diferente al actual. Lo que será un éxito para el independentismo de Mas será un fracaso para los que se oponen a él. Se mide por el número de escaños en que se traduzca la votación. Así de simple.

Todo lo realizado hasta ahora es muy razonable; pero quizá no sea suficiente teniendo en cuenta la fractura social que se ha denunciado. Se han enrarecido las relaciones familiares y sociales. Para los partidarios de la independencia es más fácil manifestar su posición, como han hecho públicamente en la Diada; más difícil para quienes no lo son y han votado años atrás a CiU y está ahora desprestigiada, o de alguna manera mantienen una relación económica con el poder autonómico o local; no hay solo grandes empresas. La dificultad consiste en que el no a la independencia ha de formularse como un sí a otro partido. Lo ha puesto de relieve la plausible declaración de Miquel Roca.

El comunicado del Círculo de Economía es muy significativo de la situación. Se rechaza la declaración unilateral de independencia aunque sus partidarios obtengan una mayoría cualificada; pero si no la alcanzan, se añade, no debe interpretarse como mantenimiento del statu quo, ya que una gran mayoría de ciudadanos aspira a un mejor autogobierno y al reconocimiento de sus singularidades. Qué más puede hacerse para que sean mayoritarios quienes no voten a favor de Junts pel Sí. Sería fácilmente entendible que el Gobierno declare que es imposible negociar con Mas y que si las elecciones fueren adversas a este podría buscarse una forma de reorientar la cuestión catalana. Proporcionaría a parte sensible de la sociedad una justificación para votar no a la independencia.

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