«Aut Beiras aut nihil»

OPINIÓN

Antes de analizar el papel que debe jugar Xosé Manuel Beiras en este momento de efervescencia política, debo recordar tres cosas que pueden modificar en cierta medida mis conclusiones. La primera, que admiro profundamente la personalidad política y humana de este líder consagrado que ha sobrevivido espléndidamente a su edad y a los avatares de su historia, y que ha mantenido la brillantez de su pensamiento y su palabra -una cosa lleva a la otra- mientras el mundo zigzaguea a velocidades de vértigo. La segunda, que mi relación personal con él, que ni fue temprana ni es tan frecuente como a los dos nos convendría, se basa en el enorme cariño que le tengo, en el agradecimiento que me merecen sus actitudes personales conmigo y con su pueblo, y en mi convicción de que es un político absolutamente honrado, sin fisuras ni dobleces. Y la tercera, que estoy convencido de que en esta legislatura aprovechó muy mal el enorme capital que los gallegos hemos depositado en él en las elecciones autonómicas del 2012, y que sería malo para todos, también para él, que sus imágenes parlamentarias de los últimos tres años cerrasen en falso su biografía y nos dejasen a todos con la amarga sensación de una sinfonía inacabada.

Aunque su pensamiento y el mío discurren por caminos muy diversos, estoy convencido de que la presencia de Beiras en las elecciones generales de diciembre constituye, más que una oportunidad personal o de partido, un deber, ya que solo con él podremos medir el alcance de los cambios culturales y estructurales operados en este país, y solo él puede liderar una opción que, en el supuesto de que España se lance por la pendiente de las taifas, la confusión y el cambalache, no deje a Galicia fuera del Congreso de la recomposición inevitable.

Si Beiras no encabeza una candidatura gallega de unidad, es natural pensar que la práctica totalidad del nacionalismo, y buena parte de la izquierda ajena a la «centralidad» del PSOE, caminarán sin remedio -«aut Beiras aut nihil»- hacia la irrelevancia, mientras movimientos ajenos a nuestra cultura y a nuestros procesos políticos -como Podemos- se convierten en la tercera pata del trespiés de la autonomía. Por el contrario, si Beiras lidera ese ensayo, que el PSOE pretende gestionar como su última oportunidad para pescar en río revuelto y generar el colapso del PP, es posible que Pedro Sánchez recoja entre nosotros -desde la tercera plaza- la tempestad que está sembrando, que consigamos interpretar la crisis catalana desde una atalaya privilegiada, y que podamos medir cómo se reparte la sociedad gallega entre la incertidumbre que marea y el déjà vu de la derecha.

Por eso creo que Beiras debe ir a estas elecciones. Porque él y Feijoo son líderes de verdad, mientras todo lo demás huele a pura quimera que la brisa empuja hacia el desierto.