La libranza del cuidador


Es curioso, cuando todas las encuestas dan como dato relevante de España, y particularmente de Galicia, que nuestros mayores y nuestros enfermos crónicos y en situación de dependencia prefieren ser cuidados en casa y ahí llegar al final de sus días; cuando hay evidencia empírica a través de múltiples trabajos que el entorno familiar proporciona un plus de bienestar y calidad -a la persona atendida y a su familia- difícilmente emulable de otro modo; cuando, además, está bien evidenciado que esto resulta coste-eficiente para el sistema sociosanitario; en fin, y ya por último, cuando incluso así lo hemos reconocido en algunos textos legales, como por ejemplo, la reciente ley sobre derechos y garantías de la dignidad de las personas enfermas terminales; pues bien, vamos y volvemos a bajar lo que la Administración paga en virtud de la ley de la dependencia a las personas que tienen reconocida como prestación la libranza del cuidador.

Veamos. Mi madre, que en paz esté, con el máximo grado de dependencia reconocido, comenzó cobrando en el 2010 una libranza de 494 euros, que pasó a ser de 420 euros en agosto del 2012 por aquello de la crisis y ahora pasaría a cobrar 387 euros. Hagan ustedes mismos los cálculos y verán que el recorte ha sido de un brutal 22 por ciento. En este mismo tiempo, su pensión de viudedad, de poco más de 600 euros, fue acumulando alzas anuales de un 0,25 por ciento. Me ahorro el calificativo.

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