¿Bolsillo particular o público?


L a idea de que una sociedad es mejor cuanto menos ingresos y gastos públicos gestione su gobierno está instalándose peligrosamente en buena parte de la opinión pública europea y española. Así se entiende que muchos europeos crean que Bruselas es un monstruo burocrático (a pesar de que solo gestiona el 1 % de la riqueza de la UE), o que muchos españoles respalden al actual Gobierno en la idea de que los gastos públicos han de caer del 43 % actual al 38 % del PIB español en el 2018 (aunque en la media de los Estados de la UE esté en el 47 %, no digamos en la Dinamarca que nos promete Ciudadanos).

La idea tóxica que hay detrás es muy sencilla. Cada euro de los ingresos que quede en nuestros bolsillos será mucho mejor empleado que si el Gobierno (central, autonómico o local) nos lo quita. Solo aceptando esta premisa se puede considerar deseable caminar hacia aquel 38%.

¿Por qué sostengo que es una idea tóxica? Porque así nunca se construirá una sociedad mejor, si por ello entendemos una sociedad donde todos sus miembros tengan garantizados sus derechos y su dignidad. Veamos algunos ejemplos.

Si los sistemas de pensiones públicos pierden cotizaciones en beneficio de los planes privados que una parte de la sociedad sí puede pagarse (y eso sucede de múltiples formas que no es el caso concretar aquí), su capacidad para garantizar una renta mínima digna a todos los demás se evapora.

Si los sistemas de protección al desempleo ahorran recursos públicos considerando que esos millones están mejor en el bolsillo de los contribuyentes, que así pagarían menos impuestos, se pasa por alto el que las bolsas de pobreza, desigualdad y de exclusión social (que sin duda presionan a la baja a los salarios y potencian la economía sumergida) nos convierten en una sociedad indecente.

Si en la garantía de la asistencia sanitaria se considera que cuanto menos recursos transiten por el sistema público de salud, y más lo hagan por los seguros médicos privados, tanto mejor, es porque o bien se supone que los riesgos son culpa de los pacientes o bien que el dinero debe poder comprar una mejor protección frente al riesgo de perder nuestra salud.

Dejar que la educación funcione como un centro comercial (centros, títulos y calificaciones a precio de mercado) hace que los que puedan pagárselo consigan imponerse a otros que, no siendo menos capaces, se forman en centros públicos mal financiados y obligados a escolarizar a los menos pudientes.

¿Qué decir de la atención, o abandono, a los dependientes según su bolsillo?

Es despreciando estos argumentos cómo se vende, sobre todo a las clases medias, que los euros están mejor en sus bolsillos. Aunque la única consecuencia cierta sea que los privilegiados lo serán cada vez más, y que la inmensa mayoría de la población verá evaporarse sus derechos básicos en la vejez, la enfermedad, la promoción social y el desempleo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
38 votos
Comentarios

¿Bolsillo particular o público?