El regateo de Europa


Segunda gran prueba de la solidaridad europea en una semana. Tras la generosidad con los griegos, Europa no alcanza un acuerdo para repartir a los 40.000 demandantes de asilo llegados a sus costas y, como la cosa no parece que tenga mucha prisa y pueden aguardar nadando, se volverá a revisar la situación en diciembre. España, que acoge a un tercio de los propuestos, no ha sido el más insolidario, porque los 27 se quedan muy por debajo de lo que se esperaba y fuera necesario.

Uno se imagina la reunión de los ministros del Interior europeos repartiéndose refugiados como el mercadillo de Cangas a media mañana. Un regateo permanente. Que, tras mucho negociar, la sartén que marcaba 30 euros se la lleva por 10 y a quien le piden que acoja a 4.000 asilados consigue levantarse con poco más de 1.000, tras trapichear y cicatear lo indecible. Un éxito la negociación, porque de lo que se trata no es de prestar ayuda, sino de que el problema lo resuelva otro, que lo de la ayuda humanitaria no da muchos votos y es mejor dedicarse a lo productivo.

Presumimos de una Europa con un gran futuro. De una comunidad de 600 millones de personas que, por lo visto, no puede dar cabida a 40.000 más en varios años, y se las condena a morir en el fondo del mar en el mejor de los casos y de hambre, en el peor. Europa se niega a ver la realidad y los problemas se le amontonan encima de la mesa. Inmigración, Grecia, terrorismo, Alemania, armonización fiscal, plena integración? No resuelve uno, todo lo deja pendiente.

Porque en lo único en que Europa está de acuerdo es en que mañana será otro día. Y ya se solventarán los problemas. Es el modelo Rajoy. Lo que ocurre es que mañana va a ser demasiado tarde.

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