El problema es interno


El estado de shock en el que han caído los dirigentes del PP, con guerra de guerrillas como aditivo, los está llevando a hacer un análisis erróneo de lo que les ocurrió el domingo. El problema no son los más de dos millones de personas que dejaron de votarles, ni la aparición de nuevas fuerzas. El problema lo tienen dentro; en el corazón de su propia organización. Llevan los populares cuatro años convencidos de que ellos son los únicos salvadores del país y haciéndose acompañar de Zapatero como el causante de todos los males. Y nadie en la cúpula ha tenido la sensibilidad de adivinar alguno de los muchos avisos que se les enviaron en este tiempo y de descubrir que el liderazgo se debilitaba a ritmo de vértigo. Y, claro, pasó que a día de hoy no se creen lo ocurrido y buscan las causas donde no las hay.

Intereses encontrados, ausencia de liderazgo, análisis erróneos de la realidad, obcecaciones múltiples y revueltas internas son algunos de los males que han llevado a los populares a sufrir tal batacazo y si quieren recuperar lo perdido han de volver la vista atrás y mirar hacia dentro. Y reconocer que la corrupción no son «unos pocos casos»; ni Bárcenas, «ese señor al que usted se refiere»; ni los discos duros se llenan de datos para ser martillados. Han de asumir que en España aún hay millones de personas que hablan del paro; que los empresarios siguen sin dormir pensando en pagar las nóminas y que este es un país sumido en una crisis profundísima.

La fórmula para no haber llegado aquí se la acaban de dar alcaldes populares coruñeses a Carlos Negreira. Humildad, reflexión y estar más con la gente. Lo que ocurre es que se lo han dicho demasiado tarde.

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