Muchos analistas insistieron durante estos días en que las elecciones municipales y autonómicas de ayer eran las más inciertas y las que habían despertado más expectativas desde 1977. La comparecencia de cuatro fuerzas políticas supuestamente muy igualadas parecía anunciar que la democracia española entraba en una nueva etapa política con fuertes impulsos de cambio. Y muy probablemente los resultados están indicando esto. Pero, de momento, lo único que está claro es que ha llegado la hora de pactar entre las diferentes fuerzas políticas. Los resultados así lo demandan e imponen.
Tal vez sea cierto que el «régimen del 78» llegó hasta aquí agotado o castigado por las distintas crisis. Pero, si hemos de hacer un balance del mismo, hay que decir que ha constituido en esencia un éxito porque, no solo no ha estrangulado las posibilidades de cambio, sino que les ha abierto las puertas, como bien se escenificó ayer. Pero este cambio no garantiza por sí mismo ningún éxito futuro en la gestión de la salida de la crisis. Por eso es tan importante que los pactos que surjan no pierdan de vista el objetivo general de una recuperación social, política y económica en el conjunto del Estado.
Ahora más que nunca debemos recordar que atravesamos una crisis aún no resuelta y que no debemos empeorarla con políticas irresponsables o retrógradas. Por el contrario, la crisis debe afrontarse y superarse desde los pactos que genere el propio pluripartidismo (el cual vendría a sustituir la alternancia bipartidista, que cumplió su misión histórica deparándonos, en lo positivo, progreso económico y armonía social, y en lo negativo, corrupción).
El pluripartidismo despierta recelos y suspicacias, entre otras cosas porque en algunos países, como Italia, no está funcionando bien. Pero también puede ser un punto de partida hacia una renovación que, sin romper abruptamente con el pasado, contribuya a regenerar la relación entre votantes y votados.
En cualquier caso, los resultados de ayer son aún susceptibles de corrección -en uno u otro sentido- en futuras citas electorales, en particular en las próximas elecciones generales. Ahora lo que corresponde es lograr pactos donde sean necesarios. En serio y sin demoras.