Pactar puede ser muy peligroso


Pactar puede ser muy peligroso. Nick Clegg, el líder de los liberal demócratas británicos, formó un Gobierno de coalición con los conservadores de David Cameron en el 2010 y ahora está en su casa viendo cómo el primer ministro disfruta de una flamante mayoría absoluta, tras la debacle de su partido. Sin ir más lejos, a IU le fue muy mal en las pasadas elecciones andaluzas tras formar parte del gabinete de Susana Díaz, al perder ocho de sus trece diputados. En general, ser el componente más débil de un Ejecutivo pasa factura. Los tripartitos, véase Galicia, también tienen temprana fecha de caducidad. El de Cataluña duró más, pero acabó en desastre electoral para el PSC y ERC. Otra cosa es que seas un genio del pacto como lo era el líder de los liberales alemanes Hans-Dietrich Genscher, un auténtico contorsionista capaz de ser ministro durante 23 años, 18 de ellos como titular de la importantísima cartera de Asuntos Exteriores, con los socialdemócratas y los democristianos. Los partidos alemanes tienen una cultura del acuerdo político muy arraigada, que permite que ahora misma gobierne una gran coalición. Dicho todo esto, España entró ayer en la era de los pactos con unas elecciones generales a la vuelta de la esquina y el precedente del bloqueo de la investidura de Díaz en Andalucía. Un escenario muy complejo, en el que las fuerzas emergentes, Podemos y Ciudadanos, tendrán que retratarse de una forma u otra. En lo que hagan a partir de hoy pueden jugarse su futuro. Si la formación que lidera Pablo Iglesias pacta con los socialistas lo estará haciendo con lo que denomina casta. Si la de Albert Rivera lo hace con el PP se estará identificando con la derecha. No hay duda de que pactar puede ser muy peligroso.

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