Orson

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Era tan grande que ser un coloso se le quedaba pequeño. Nada como los centenarios para acordarnos de alguien. Pero es que este alguien no tenía medida. Si hubiese sido músico, podría haberse llamado Beethoven. Si pintor, Van Gogh. Si futbolista, Maradona. Orson Welles soplaría este mes cien velas. Nació un seis de mayo de 1915. Pero tenemos sus películas para darnos cuenta una y otra vez que Orson Welles es de los que casan de verdad con la palabra genio. Qué más da. Sed de mal. Campanadas a medianoche. Por supuesto, Ciudadano Kane. La dama de Shanghai. Consciente de su talento, lamentó no haber logrado más libertad para crear. ¿Hasta dónde podría haber llegado? Solo se fijaba en los de su raza: Shakespeare, Cervantes. Odiaba la moral burguesa. Ese sentimiento flojito. Él elegía el coraje entre todas las virtudes. Le gustaba la gente dispuesta a hacer el ridículo, a arriesgar. Era un cómico por encima de todo y de todos. Amó España. Adoró a John Ford. Y tenía un truco infalible con los actores que deberíamos aplicar con los que nos rodean en la vida (funciona): «Lo que hago es convencer a cada actor de que es mejor de lo que él pensaba». Odiaba a Charles Chaplin y a Woody Allen. Alguien como Orson Welles se lo podía permitir. Decía de ellos que eran falsos tímidos, «y todos los falsos tímidos son muy arrogantes». Él tenía la arrogancia del Himalaya y nada de timidez. Su cine es su credo.