Entre Venezuela y Dinamarca


Ahora que Ciudadanos está alcanzando notables niveles de popularidad mediática y demoscópica se hace especialmente conveniente releer el libro editado el pasado año por su actual economista de cabecera (El dilema de España, editorial Península). En las conclusiones cierra sus argumentos planteando al lector que escoja el desastre de una España que camina hacia una Venezuela de Europa, o bien se convierta en la Dinamarca del sur de Europa. Más claro, agua.

Para alcanzar esta segunda opción se arrancaría con un Gobierno de coalición apoyado por los parlamentarios del Partido Popular. Un Gobierno en el que el autor sería sin duda ministro a cuenta del respaldo electoral de Ciudadanos. Ese Gobierno habría suprimido las diputaciones y reducido los ayuntamientos de ocho mil a apenas seiscientos (en el libro se hace balance, mirando atrás, situados ya en el año 2034). Una propuesta que figura en el programa electoral de Ciudadanos para estas elecciones y que quien esto escribe viene argumentando, sin demasiado éxito, desde hace años.

Sin embargo en ese balance de veinte años de conversión de España en la Dinamarca del sur no se nos dice nada de un asunto crucial. De cómo pasar de unos ingresos públicos en España del 38 % (datos del FMI) al 56 % que tiene Dinamarca, con propuestas electorales de rebaja generalizada de impuestos. Más bien parece que con las propuestas fiscales de Ciudadanos (y de su economista de cabecera) llegaríamos a un 24 % de ingresos públicos sobre el PIB (que es el dato de? Venezuela).

Para caminar en serio en la dirección de Dinamarca recomiendo la lectura del documento presentado este mismo mes por tres fundaciones progresistas (disponible tecleando en un buscador: Otro modelo económico y social para España) en su apartado 6.1. Bien se comprende que son propuestas que nada tienen que ver con la devaluación fiscal que ofrece Ciudadanos. Para llegar a ser Dinamarca nos hace falta más Estado, no jibarizar el Estado actual.

Pero para ser la Dinamarca del sur de Europa nos hace falta, al mismo tiempo, más mercados competitivos. Acabar con lo que el autor de El dilema de España resume, acertadamente, como capitalismo de amiguetes del palco del Bernabéu. Lo que pasa es que para pasar del dicho al hecho no es muy creíble haber trabajado, por ejemplo, en un dictamen sobre el sistema de pensiones público, para una fundación financiada por los oligopolios del Ibex 35 (financiero, energético y de comunicaciones). Porque entonces toda esta pólvora se nos puede quedar en una propuesta cosmética sobre las gasolineras.

Para poner negro sobre blanco en una radical democratización del ámbito privado de nuestra economía habría que precisar estas cosas: ¿cómo evitar que tres entidades financieras acaben controlando el 70 % del mercado?, ¿cómo evitar que una empresa tenga el cuasimonopolio de la red de fibra óptica en España?, ¿cómo evitar que tres empresas definan la estrategia energética del país, los precios de la electricidad o el simulacro legal llamado déficit tarifario? Sobre todo esto nada podemos sacar en limpio leyendo las conclusiones danesas de El dilema de España.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
29 votos

Entre Venezuela y Dinamarca