Ada Colau, candidata de la indignación y sus gregarios a la alcaldía de Barcelona, comparó hace unos días, sin ponerse colorada, las elecciones municipales de 1931, que trajeron la II República, y las del próximo día 24, comicios estos que, según Colau, darán lugar a un cambio de alcance similar a los primeros.
Si una comparación tan obscena naciera solo de la infinita desvergüenza o la ignorancia sideral de Ada Colau la cosa sería nada, pues, por desgracia, de políticos desvergonzados o ignorantes estamos en España bien servidos. Pero no: su comparación es una burda manipulación de la historia, de la que se están sirviendo no pocas candidaturas de la indignación con el objetivo de engañar al cuerpo electoral.
Para demostrarlo bastaría recordar que cuando se celebraron las elecciones del 12 de abril de 1931 España vivía bajo un régimen autoritario (la llamada dictablanda del general Berenguer, que había sucedido a la dictadura de Primo de Rivera), mientras que ahora llevamos casi cuarenta años de democracia, en el que ha sido el período de libertad más largo y fructífero de toda nuestra historia. Pero es que hay más.
Muchísimo más: en 1931 las mujeres españolas no habían votado jamás; los derechos reconocidos en la Constitución de 1876 (ridículos en contraste con los que garantiza la de 1978) se ejercían en precario, siempre al albur de una declaración de ley marcial; el Ejército solo se obedecía a sí mismo; los comicios de la Restauración eran una farsa donde la limpieza electoral brillaba por su ausencia; no existía en España nada parecido a una clase media ni a un Estado de bienestar; los matrimonios no podían divorciarse ni las mujeres abortar; el servicio militar, cuando hacerlo podía suponer ir a la guerra, era el reino de la injusticia social, con el pago de sustitutos o la redención en metálico; ni había sanidad pública universal, ni educación pública obligatoria, ni Seguridad Social de ningún tipo; cualquier cosa parecida a la igualdad entre hombres y mujeres era una rareza? Y así podría seguir hasta cansarme de escribir.
¿Algún parecido? Sí, sin duda. La existencia, ahora y antes, y me temo que sin duda en el futuro, de gentes que entran en política dispuestas a lo que sea con tal de llevarse el gato (el voto) al agua (a la urna): por ejemplo, a manipular la historia hasta extremos de delirio.
Don Ramón del Valle-Inclán escribió en 1920, es decir en esa época que a Ada Colau le parece ¡similar a la de ahora!, una obra de teatro (Farsa y licencia de la reina castiza) que trataba de la historia de unos pícaros que pretendían hacerse un capitalito por medio del chantaje. Otros están hoy en andanzas parecidas: en construirse un capital electoral chantajeando a los electores incautos con el cebo de superar un presente que ellos mismos deforman hasta la caricatura en su exclusivo beneficio. Una indecencia.