Albert Rivera, un joven de ideas viejas

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

13 may 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Misógino hasta la médula, Schopenhauer afirmaba que las mujeres eran «objetos de cabellos largos e ideas cortas». Nuestros padres, sin haberse cruzado en la vida con las palabras del filósofo, nos colocaban el mismo sambenito a los jóvenes de entonces, porque dejábamos medrar las guedejas para emular a los Beatles y nos rebelábamos ingenuamente contra la pax franquista. Me cuidaré, pues, una vez llegado a la edad provecta, de endilgarle un piropo similar al joven Albert Rivera, quien acaba de manifestar que el proyecto de España «solo lo pueden encabezar aquellos que han nacido en democracia». Como si la democracia y las ideas tuvieran que ver con la menopausia, la próstata o el registro civil. Y no con aquellos conceptos que, desde la Revolución francesa, han conmovido los corazones de hombres y mujeres: libertad, igualdad, fraternidad.

Albert Rivera no merece aquella definición ni por su aspecto físico ni por sus ideas. Atildado y repeinado, de verbo fácil que rezuma simpatía en los platós de televisión, le «da buen rollo» a la princesa del pueblo, Belén Esteban, y a todos sus súbditos. Nada que objetar a esa imagen andante del triunfador en ciernes. Tampoco me atrevería a etiquetar de cortas sus ideas: a mí me parecen tan largas como su (legítima) ambición. Largas, pero rematadamente antiguas. Y es aquí, en este rasgo de su discurso, donde aprecio el llamativo contraste: el joven que fustiga a los viejos con una mano blande ideas viejas en la otra. Su programa, hasta donde lo conocemos, plagia los dogmas del PP, pero conservando la cándida pureza de quien aún no ha tocado poder. Es su marca blanca: todavía «sin mochilas, ni dinero en Suiza, ni casos de corrupción», pero también sin la modulación y rectificaciones derivadas del ejercicio de gobernar.

Este joven de ideas caducas se abstuvo cuando el Parlamento de Cataluña se pronunció contra el proyecto de Gallardón que liquidaba la actual ley del aborto. Este joven de ideas volubles aseguró que la alta velocidad ferroviaria vertebra España, pero propone liquidar el AVE justo cuando se acerca a Galicia. Este joven que dice defender la sanidad pública y universal, confunde a los inmigrantes sin papeles con «personas que vienen de vacaciones» y pretende negarles la asistencia. Este joven de ideas viejas propone una reforma fiscal regresiva, a medio camino entre la aprobada por Reagan hace más de treinta años y la diseñada por la Faes de Aznar. ¿Qué hay de nuevo y regenerador en esas propuestas?

Arthur Schopenhauer, ya en edad madura, se enamoró de una joven de diecisiete años llamada Flora Weib. Galante y zalamero, el filósofo le ofrendó un racimo de uvas, al tiempo que le pedía matrimonio. No tuvo éxito. La joven arrojó la fruta al agua, asqueada porque la había manoseado aquel anciano. Albert Rivera nació después de la Constitución, pero su racimo de uvas fue arrancado de la parra décadas atrás. Hace mucho tiempo que perdió su frescura.