Aislados

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

03 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El desarrollo y progreso de los territorios depende de muchas variables. Del empuje y determinación de sus habitantes, sin duda; de las condiciones naturales, de la inteligencia en el uso de los recursos y posición geográfica. Pero también de las decisiones políticas que sobre esos lugares se toman. Y como en muchos casos las decisiones no dependen de los residentes en esas zonas, su futuro queda en manos de personas e instancias normalmente alejadas de sus intereses.

Para toda la esquina norte y noroeste de Galicia, la franja integrada por las comarcas de A Mariña, Ortegal, Ferrolterra y el Eume -cerca de 300.000 habitantes e importantes centros de actividad con potencialidad económica-, no es lo mismo que se haya decidido en su día que la autovía del Cantábrico se desvíe desde Ribadeo hacia Vilalba que haber seguido el trazado natural de la costa que le da nombre. La opción que se eligió deja aislados y a expensas de la finalización de una obra que se eterniza lugares como Burela, Viveiro, Ortigueira, Cariño o Cedeira. El feliz remate de la línea ferroviaria de velocidad alta que, por fin, une A Coruña y Vigo en tiempos razonables (entre 70 y 80 minutos) es la constatación de la decisión política de vertebrar el eje atlántico gallego. Pero pone de manifiesto también que para quienes han diseñado y aprobado la infraestructura, a la franja atlántica le sobra toda la geografía (física y humana) del norteño golfo Ártabro.

Es como si la confluencia de los mares que bañan las costas gallegas arrojase todos los males sobre este territorio. Pero no, la única maldición es la lejanía y el desinterés de quienes tienen que articular el país sin discriminaciones.