Yemen en llamas otra vez


Que la política internacional forma «extraños compañeros de cama» es algo que tenemos asumido desde hace mucho tiempo. Lo que, sin embargo, cuesta entender es que, en un país se trabaje, codo con codo, con un aliado y en otro se luche contra él. Y es que el complicado rompecabezas de Oriente Próximo hace que todo lo inverosímil resulte posible.

Así, mientras el Ejército iraní tiene tropas en Irak apoyando al Gobierno chií de Bagdad en su lucha contra los terroristas de EI, en colaboración con los norteamericanos, estos han iniciado el bombardeo de las fuerzas hutíes -una secta zaidi próxima al chiísmo- en Yemen en cooperación con Arabia Saudí. Irán no ha tardado en mostrar su malestar, ordenando la retirada de sus milicias del frente de Tikrit, ciudad natal de Sadam Huseín y uno de los bastiones de EI.

Y es que la secular rivalidad entre suníes y chiíes está más viva que nunca. Además de la guerra civil en Siria -cuyo tirano, por cierto, pertenece a una secta chií y es apoyado por Irán-, en Irak y Libia se lucha contra los terroristas de EI y en Yemen, un país en permanente inestabilidad interna ahora víctima del asalto al poder de la minoría hutí, tiene que afrontar un ataque coordinado entre Arabia Saudí y Estados Unidos, porque los saudíes no quieren un gobierno chií en su frontera sur.

Cada vez resulta más evidente que el mapa trazado a escuadra y cartabón por británicos y franceses tras la Primera Guerra Mundial ha sucumbido a la fuerza de la realidad. La situación solo puede empeorar. Y es que Oriente Medio, debido a la ineptitud internacional, ya es la primera llama de la Tercera Guerra Mundial.

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