Catilina en Cataluña: ¡ya está bien!

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

01 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

¿Hasta cuándo, Mas y Junqueras, abusaréis de nuestra paciencia? La misma pregunta de Cicerón a Catilina, que desbarató la conjura del segundo para adueñarse en Roma del poder (Quosque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?), tenemos derecho a hacérsela los españoles a los dos líderes independentistas, quienes, ya desquiciados, acaban de decidir otra locura: que si ganan las elecciones del 27 de septiembre proclamarán por las bravas, en no más de 18 meses, la independencia catalana.

Pocas veces, como con esos dos irresponsables, fue más verdad la dura reflexión de Samuel Johnson (1709-1784): «El patriotismo -escribió uno de los más grandes ensayistas de Inglaterra- es el último refugio de los canallas».

Más y Junqueras, junto a ese universo de falsas entidades sociales montadas, manejadas y pagadas por el nacionalismo con dinero de todos los catalanes, están muy asustados y han decidido subir su apuesta, intensificando el juego sucio.

De hecho, ha sido la última encuesta del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat la que los ha llevado a dar un salto hacia el abismo. El CEOP informaba hace unos días de que en tan solo dos meses (de diciembre del 2014 a febrero del 2015) se había multiplicado por cinco la ventaja del no sobre el sí a una Cataluña independiente. Ello prueba, claro, que los catalanes, lejos de ser unos marcianos, son solo un pueblo manipulado hasta el delirio desde la Generalitat y todas su terminales políticas, sociales, institucionales y (des)informativas, de modo que, en cuanto esa manipulación amaina un poco, los ciudadanos pasan a estar preocupados, no por la identidad, sino por la economía, la sanidad o la educación, cosas todas que le importan un pito a Mas y a los nacionalistas.

Por ello, dando un paso de gigante (el anuncio de la proclamación unilateral de independencia), han retomado la presión sobre la opinión pública, a la que quieren tener literalmente agarrotada, para que no se les escape ni un votante.

Y por ello también, con la misma anticipación, debe el Gobierno de España, apoyado por todos las fuerzas constitucionalistas, la mayoría de las Cortes Generales y de los ejecutivos y parlamentos autonómicos, dejar claro que no se permitirán aventuras como la de 1934: que, si es necesario, se aplicará el artículo 155 de la Constitución, que prevé un mecanismo para el cumplimiento forzoso de las obligaciones estatales, idéntico al dispuesto en la Alemania Federal; y que, al tiempo, se instará a la Fiscalía del Estado para que se persigan los delitos en los que puedan incurrir los políticos catalanes con idéntico rigor al empleado cuando los delitos se cometen en cualquier otro lugar. Esas son las reglas, y el no subrayar, negro sobre blanco, que se cumplirán como es debido constituiría el comienzo del suicidio del país.