La proximidad de la catástrofe


Un accidente, como el que ayer sufrió el avión que viajaba de Barcelona a Dusseldorf, nos golpea y nos despierta, como una pesadilla, de nuestra rutina cotidiana. No nos golpea igual cualquier accidente, aéreo o de otro tipo. En esto, como en todo, es la proximidad la que nos hace sentirnos concernidos, identificados, tocados por la angustia en el cuerpo. No es solo por el hecho de que un avión se estrelle y que, como desgraciadamente parece probable, nadie sobreviva a la catástrofe. El avión de Air Asia, desaparecido en las aguas del mar de Java, no nos perturba de igual manera. Como tampoco lo hace el ébola cuando no sale de África.

Necesitamos de la negación para vivir dormidos respecto de lo real. Necesitamos pensar que esto no ocurre aquí, en España, en Europa. Por eso, las cosas cambian cuando es un avión que sale de Barcelona con destino a Alemania. Cualquiera de nosotros, en algún momento, podría tomar ese vuelo. Tan es así, que en él viajaba uno de nuestros vecinos, Josep Sabaté, casado, con tres hijos y uno más en camino. El dolor del prójimo también es el del próximo en este caso.

A esta familia, bajo el peso del acontecimiento traumático, como para todos los familiares y amigos de las víctimas de este accidente, la mayor ayuda que se les puede prestar en este momento es el conocimiento cierto de la situación de sus seres queridos, y la más rápida resolución (respetando procedimientos y garantías) de la identificación y repatriación de los fallecidos. En estos momentos, la incertidumbre o las demoras añaden dolor al dolor. También es necesario poner todos los medios necesarios para aproximar a los familiares que lo deseen al lugar de la tragedia. Estar próximos a las labores de rescate, seguir de cerca los acontecimientos, puede ser una necesidad apremiante que se debe respetar y favorecer. Todos deben poder contar con ayuda psicológica, si la demandan. Se trata siempre de una oferta, no de una imposición.

La aclaración de las causas del accidente, aunque suponga un segundo momento, es también absolutamente necesaria. Se debe despejar cualquier duda sobre el correcto mantenimiento del aparato. Este avión era uno de los más viejos de la compañía Germanwings (la filial de bajo coste de Lufthansa), que ofrecía la posibilidad de realizar el vuelo siniestrado a partir de 39,90 euros. No hay cálculo posible del coste de una vida humana. Por eso, por la tranquilidad de todos, y especialmente para posibilitar el duelo a los familiares y amigos de las víctimas, debe quedar claro que no se ahorró nada en seguridad.

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