En una célebre pintada bonaerense escribieron: «Tenemos los diputados que hemos podido comprar con dinero». Puede que no sea más que una exageración ocurrente, pero a la política acaba pasándole como a los ríos, que se nos fueron contaminando día a día. Actualmente solo es posible encontrar agua cristalina en la alta montaña y en aislados manantiales. La política se fue institucionalizando y creando barreras difíciles de atravesar por la gente de la calle, agravado todo ello por la perenne tentación de quien detenta cargos de hacer callar a los críticos y a los testigos de sus errores. Entre unas cosas y otras, el panorama actual anuncia un puzle cuyo más inmediato reflejo es Andalucía. El bipartidismo está a punto de saltar por los aires, que es adonde lo han llevado los herederos de Manuel Fraga y el Pablo Iglesias ferrolano.
Es lo que tienen los votos, que en cierto modo, son como los cuartos. Venía a decir Galdós que el dinero lo ganan los que van detrás de los que lo pierden. Igual sucede con las papeletas en las urnas. Se las llevarán los que han sabido ir detrás de los que las están perdiendo por méritos propios. No hay derrota que no sea ganada con ahínco y hay demasiada gente que ha querido pasarse de lista, como el protagonista de la novela de Lucio Apuleyo. Quiso convertirse en pájaro para volar y llegar adonde nadie alcanzaba, pero se equivocó de bebedizo y acabó convertido en asno, y así tuvo que sufrir múltiples vilezas. Menos mal que la diosa Isis se apiadó de él y le dio a comer unas rosas para que recuperase su condición humana, Muchas hectáreas de flores tendrán que tragarse algunos para reconquistar la dignidad de ciudadanos honestos.