¡Ya no hay imputados!


Estaban las listas electorales y las cortes colmadas de imputados de uno y otro bando (e incluso de una y otra banda). Hasta llegó un momento en que había imputados a secas, sin delito concreto, que ya dijo alguien que una cosa era estar imputado por algo y otra muy diferente estar imputado así, en general. Andaba el precio del metro cuadrado de imputado por los suelos, arrumbado el género en el cajón de los saldos, junto al dos por uno de calzoncillos. Y por la calle deambulaban como zombis sin pastor las hordas de imputados -a mí el otro día casi me atropella uno, pero creo que sin querer-, hasta que llegó el ministro y levantó el teléfono con esa majestuosidad que solo esgrime un ministro a la hora de telefonear:

-¿Es la Academia?

-Al aparato.

-Querría unos adjetivos.

-¿De caballero o de señora?

-Unisex. Es para renovar imputado, que nos viene algo justo de sisa.

-Es que los jueces tallan muy bajo. ¿Qué le parece un investigado o un encausado?

-Me los llevo puestos.

Y, zas, se acabó, en España ya no hay imputados, lo dice la nueva Ley de Enjuiciamiento Criminal. Como mucho, investigados y, si la cosa ya se pone chunga, pero muy chunga, encausados.

Sin imputados a la vista, parece que ya no hay mordidas, cajas b, tarjetas black, ni nada. Esto ya parece Dinamarca. No porque algo huela a podrido, que también, sino porque en un país sin imputados, se nos pone a todos cara de honestos, de nórdicos, qué sé yo. Ahora igual perdemos otras señas de identidad hispánicas, como escupir en el suelo, aparcar en doble fila o insultar al vecino de escalera. Debe de ser cosa del separatismo, que también es algo muy español. Porque, seamos sinceros, ¿hay algo más español que estar todo el rato yéndose pero quedándose? El secesionismo, en esencia, es lo que hacemos en el bar cuando decimos que ya nos vamos y luego nos quedamos, porque caen la penúltima, la última y la que nos llevamos puesta.

En el Diccionario. El remedio contra la corrupción estaba tan cerca que casi nos muerde, pero no nos enterábamos. Es lo que tienen los centinelas, que siempre ven más allá. Ya lo dijo Aznar, el gran timonel:

-Teníamos un problema y lo hemos solucionado.

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