Sí, qué tiene que pasar

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

04 mar 2015 . Actualizado a las 07:35 h.

El canciller Schroeder ganó las elecciones del 2002 en Alemania por unas graves inundaciones en Sajonia y gracias a un gesto instintivo: se calzó las botas, cogió una pala y se puso a trabajar con los servicios de emergencia para achicar el agua del Elba. Schroeder lo tenía todo en contra: cuatro millones de parados, una economía ralentizada y seis puntos de ventaja en las encuestas de su rival, el conservador Stoiber. Pero aquel gesto cambió la intención de voto, el SPD de Schroeder comenzó a subir, superó a Stoiber y ganó las elecciones. Aquel caso quedó como ejemplo de cuánto influye en la decisión de los ciudadanos un gesto humano, sacrificado o solidario. A veces se vota con el corazón y los sentimientos y no con el bolsillo.

En España tuvimos un caso parecido, pero sin repercusión electoral porque entonces aún vivía Franco. Fue en la tristemente recordada catástrofe de San Rafael, donde fallecieron más de medio centenar de personas en el hundimiento de un local de restauración de Jesús Gil. Adolfo Suárez era gobernador civil de Segovia, se presentó en San Rafael, cogió un pico y una pala y se puso a desenterrar cadáveres. Aquel gesto fue altamente valorado, singularmente por el futuro rey Juan Carlos. Fue uno de los hechos que cimentaron su valoración para, pasado el tiempo, acceder a la presidencia del Gobierno.

Ahora se han producido las inundaciones del Ebro, pero no hemos tenido la fortuna de ver a ningún dirigente político ayudando a los vecinos. Estuvo por allí la ministra de Agricultura, el ministro del Interior observó los daños desde un helicóptero, pero nadie se mojó los pies ni se manchó las manos en el barro. Dicen que el presidente Rajoy acudirá después del próximo Consejo de Ministros; pero, si lo hace, dará la impresión de que acude a recibir aplausos por las ayudas que acuerde ese consejo.

Por eso el líder socialista Pedro Sánchez se apuntó un tanto al presentarse en las zonas inundadas y preguntar «qué coño tiene que pasar» para que se acerque el señor presidente.

Sánchez es oportunista, claro está. Muy oportunista. Como lo es la señora ministra de Agricultura por echarle a Zapatero la culpa del desastre, igual que se le culpa de los etarras en Cuba. No está demostrado que Pedro Sánchez se hubiera acercado a ese lugar si no estuviésemos en tiempo electoral. Y además, la eficacia de un Gobierno en una desgracia no se mide por la cercanía de su presidente, sino por la rapidez con que resuelve el drama de los perjudicados. Pero la política tiene su liturgia, su estética y sus muestras de sensibilidad y hay que rendirse ante ellas. Rajoy no tuvo los reflejos de Schroeder. Acaba de perder una oportunidad de recuperar espacio electoral.