El barco varado


Marx aseguraba que la historia es obstinada, tozuda. Lo malo es que la historia la protagonizan las personas, que son las únicas responsables del frecuente erre que erre de los empeños tenaces.

No creo que el problema más importante del concello de Vigo sea el destino de un barco, arrastrado a una rotonda por un tsunami municipal que al parecer consiguió enfrentar a vecinos y movilizar los resortes ciudadanos de organizaciones del barrio de Coia, donde el Bernardo Alfageme ya se encuentra varado después de una singladura urbana con nocturnidad y alevosía.

Fue un mal remedo de la obra de Casona, La barca sin pescador, en la que un marinero de un lejano país pacta con el diablo una muerte sin sangre.

La cruel metáfora de la Galicia litoral, de la Galicia pesquera, no es otra que una flota, poderosa y hegemónica en el pasado, que está nutriendo de barcos las rotondas. Nuestra flota es hoy decorativa, orillada en el paisaje urbano, ilustrando cambios de sentido, varada en las entradas de pueblos costeros. Ningún acceso a la ciudad sin un barco, parece ser la consigna.

Galicia es un barco de vapor, la nave capitana al pairo de la historia, un permanente desguace. Gran parte de lo que nos habían contado era mentira y ya solo son «catro vellos mariñeiros todos metidos nun bote» quienes subrayan el santo y la seña de nuestro presente pesquero.

Somos un país de astilleros sin naves, somos ciudadanos del Gran Sol, y de Capetón, señores de todos los océanos. Sufrimos cupos y recortes de especies marinas que tradicionalmente eran nuestra despensa de la mar, miramos de reojo a la mar, que siempre está a nuestras espaldas, y declaramos guerras incruentas, batallas perdidas en todas las causas que nunca ganamos.

El alcalde Caballero es un nuevo capitán Nemo del asfalto y el barco varado en la rotonda de Coia se convierte en una promesa electoral en los programas de todos los partidos, excepto el socialista, que concurren a las próximas elecciones municipales. Todos prometen una nueva singladura para el barco, un viaje de vuelta, asegurando que no existen muelles ni amarres en la rotonda. Barco al agua, parece ser el nuevo grito de alerta.

A lo mejor no es para tanto y habrá que relativizar el discurso y coincidir con Cela cuándo afirmaba que no se debe perder nunca la perspectiva.

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