Se nos va el referente


Alfonso Guerra deja el Congreso tras 37 años ininterrumpidos. Se va como llegó. Con lo puesto. Tras tantos años en política, muchos de ellos al más alto nivel, no le habrán faltado oportunidades para hacerse de oro. Pero él no es de esos. Un viejo coche, dos pisos y un total de 62.282 euros en diversas cuentas corrientes. Ese es todo su equipaje. Menos de lo que cabe en un sobre de esos que dicen que se reparten en algún partido. Aparte de su más que demostrada ética, su ironía e intelectualidad harán que los que consideramos la política como un arte lo añoremos. Máxime con la mediocridad que le rodeaba en la Cámara baja de la Cortes Generales. Y la existente en el Senado, parlamentos autonómicos y ayuntamientos. España es un país de políticos mediocres, muchos de los cuales se presentan a las elecciones como única forma de vida. No sirven para otra cosa que no sea apretar el botón indicado por sus líderes en día de votación en la correspondiente cámara. Carecen de formación, y solo a eso pueden aspirar. Guerra era otra cosa. Contribuyó como ninguno a la consolidación de la democracia, vapuleando a sus rivales con su demoledora oratoria. Y a pesar de eso, nadie jamás podrá decir nada malo de su persona. Salvo que, debido a su imponente personalidad, era un contrincante duro de roer.

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