Esta noche, sí

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

D espués de que los niños de San Ildefonso lograsen sacar el gordo más perezoso del año, se fue Joe Cocker. Era por la tarde y llegaba la noticia. La lotería de la muerte. Setenta años de vida intensa, un cantante que interpretaba las letras. Que era un espectáculo sobre el escenario. Y que tenía una voz que ardía. Dijeron las crónicas que se apagó la voz de un negro en un cuerpo de blanco. Durante décadas estuvo en casi todo. Estaba en el famoso Woodstock, donde cantó para siempre su versión de ese himno de amistad de los Beatles: With a little help from my friends. Giras tremendas donde sus espasmos ante el micrófono lo hacían único. Esos movimientos, aleteos de manos y brazos, esos giros de la parte superior del cuerpo, mientras de sus labios salía el humo con el que convertía una canción en himno. Nada que ver en sus cuerdas vocales (Joe Cocker era profundo, abisal), pero cierta similitud, con los movimientos de brazos y las manos y la manera de sentir las canciones, con el gallego Iván Ferreiro (la voz de Iván es un punto, pero muy distinta al volcán de Cocker). Hizo dos canciones de película, que triunfaron como misiles. Fueron sus temas en Oficial y caballero y en Nueve semanas y media. ¿Quién no recuerda el trueno de Cocker sonando mientras el rayo de luz de Kim Bassinger se desnuda ante Mickey Rourke? Hoy, sí. Hoy que ya pasaron las exequias voy a escuchar a este hombre capaz de ser Ray Charles y Chuck Berry. Este hombre humilde, de Sheffield, que empezó trabajando de día de instalador de gas y actuando de noche en los garitos de su ciudad. Hasta que ese tono rasgado, roto, lo situó donde se quedará: en la leyenda.