El calendario navideño viene siempre con citas obligadas. Una sobrecarga sobre la sobrecarga. Ese filón de la falta de tiempo es lo que ha explotado una mueblería famosa para buscar la lágrima y hacer cosquillas en los corazones de los padres, que son (no hay que olvidarlo) grandes consumidores. Dice el anuncio que vuela por las redes sociales que si los hijos pequeños tuviesen que escribir una segunda carta a los Reyes Magos, además de la tradicional de los regalos, lo que pedirían sería que sus padres tuviesen tiempo para estar con ellos. Y va más allá. Si los pequeños tuviesen que elegir entre los regalos y el tiempo de sus padres, querrían estar más horas con mamá y papá antes que las consolas de videojuegos. Bueno. Puede ser. Aunque lo dudo. Los padres que salen en el anuncio se emocionan como manda el guion y hacen propósito de enmienda. Vienen a decir que harán hueco en sus agendas imposibles para hacerles cosquillas a sus hijos, leer cuentos, ir con ellos a los partidos, etcétera. Todo un retrato de un mundo muy hermoso, pero irreal. Los padres tendrán muy difícil hacer ese milagroso hueco en las agendas. Claro que debería ser primero un hijo que un trabajo, pero hoy, con la crisis, quién se atreve. Y tampoco los hijos son esos angelitos de sonrisa bondadosa. Tienen sus aristas. Y el otro trabajo, el de ser padres, no es un colchón de plumas. Los años pasan (y pesan) para todos. Y el tiempo, por desgracia, no da de sí. No se puede multiplicar. 24 horas son 24 horas. Ni un minuto más. Pero el deseo siempre es bonito.