Después del acuerdo con EE.UU. se han abierto muchas posibilidades sobre su forma de gobierno y sistema económico en Cuba. En este sentido, se hacen muchas propuestas. Según de donde vengan, quiere decir que son interesadas. Desde dentro, los cubanos que conocen bien el régimen, desconfían de que se pueda abrir fácilmente al exterior. Desde fuera, hay opiniones esperanzadas y pesimistas, sobre todo entre los que viven en Miami.
Pero hay que reconocer que el camino de la libertad democrática no es fácil, ni rápido, todo lo contrario: será un camino de pasos largos, lleno de obstáculos, porque tienen que vencer muchos intereses creados durante los más de cincuenta años de poder absoluto. Tenemos así que mirar a otros países que están pasando ese proceso. El caso de España fue un milagro. Tendríamos que mirar a China y Vietnam. Dos países comunistas que hoy disfrutan de una economía floreciente, combinando un sistema político que es una «democracia» dirigida por el partido único, con un sistema de economía abierta al exterior, una economía de mercado. ¡Ah!, pero Cuba no es China, ni por su cultura de origen hispano, ni por su población, ni por su situación estratégica. Cuba corre peligro de coger su propio rumbo con metas difíciles de alcanzar. En lo político no se va a dejar dirigir, pero en lo económico se abrirá a la inversión exterior. Ese difícil juego del tira y afloja lo han hecho bien los chinos, pero el caso cubano va a tener más dificultades. España podría ayudar.