Talento para regalar

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Ahora a todos los escritores españoles les ha dado por escribir relatos mixtos en los que la ficción se marida con la realidad. Es una fórmula donde el éxito parece más asequible, en estos momentos de mercado confuso en el que colocar una novela es más difícil que evitar que Cristiano meta goles. Pero lo único que hace falta para escribir, para contar una historia, es tener talento. Da igual de qué fuentes se beba. Así es que, ante la avalancha de libros de autores españoles, nada como recuperar a un clásico, y consumirlo a pequeños sorbos. Leer, por ejemplo, dos obras de teatro de Oscar Wilde, como Un marido ideal y La importancia de llamarse Ernesto. La superioridad de lo que escribe el irlandés con su fulgor increíble es tal que a veces hay que releer la frase para asumir la inteligencia de la misma. Da igual si algunos pasajes de ese teatro de Wilde están tomados o no del teatro en el que decidió convertir su propia vida. Lo cierto es que enlaza las frases y hace unas combinaciones con ellas que sacian a la mente más aguda. Pura coctelería y coquetería. «La juventud no es una afectación, es un arte», escribe en un diálogo. Y Oscar Wilde siempre tuvo una mente joven, despierta. Una capacidad increíble para la electricidad, para narrar líneas de alta tensión. Era de esas escasas personas de las que se dice que tienen talento para regalar. «No me fío de Jack. Tiene un gusto pésimo para las corbatas». Oscar Wilde derrotaría hoy a cualquiera en las ráfagas de Twitter. El arte, si se sostiene solo, no caduca. Se multiplica como un eco invencible.