Ya son muchos los que hablan de que la victoria de Podemos solo será virtual. Veremos. La única encuesta que vale es la de las urnas y el voto es algo muy difícil de comprender. En España inventamos el centro para comprender que la misma persona pudo votar a Suárez, a Felipe, a Aznar, a Zapatero y a Rajoy. ¿Creen que no existe ese español? Pues entonces los números de las mayorías no salen. Ahí está ahora Podemos para corroborarlo con su aspiración de fuerza política transversal que pesca en todos los cabreos, más allá de ideologías. Los norteamericanos dicen que votamos con el bolsillo, según vaya la economía (sobre todo, la nuestra). Pero hay en el voto un componente emocional que lo hace tan alucinante, a veces. El aspecto del candidato, el cartel, su cara, su pinta, su forma de hablar... A veces, más cómo lo dice que lo que dice. La política es seducción, materia sensible donde un detalle lo es todo (o nada). La victoria virtual de Podemos en las encuestas tiene todavía mucho que enfriarse, si se enfría. Primero vienen unas municipales, donde la subida de Podemos es todavía más metafísica, porque no sabemos ni siquiera si se presentan o con quién. Luego llegará su canto general para la Moncloa. ¿Adónde se irá ese voto que antes movía la balanza del bipartidismo de un lado a otro? Y, ojo, con el voto joven que tiene mucho que decir y decidir. Las victorias digitales no gobiernan. Queda todavía mucha estrategia que vivir (y sentir).