Demasiado luto para Galicia

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

A lo mejor, a lo peor, algún día habrá que hablar, al estilo de las crónicas de las tragedias, de «tres días de noviembre». Porque el viernes, el sábado y el domingo fueron tres días funestos para Galicia. Tres días de excesivo luto. Tres días donde parece que se juntó todo en una macabra combinación de infortunio y violencia salvaje: la policía Vanessa Lage asesinada en un atraco en Vigo, los dos marineros desaparecidos del volantero de Celeiro, el Riazor Blues muerto en la batalla campal de Madrid. Demasiada muerte en poco tiempo. Demasiado luto para Galicia.

A veces me preguntan como periodista qué imagen se tiene en Madrid de Galicia. Ayer se tenía una imagen ciertamente provisional, ciertamente falsa y condicionada por los sucesos recientes, pero que nunca pude sospechar: una tierra de brotes violentos. La muerte de Vanessa conmovió a todo el país, porque fue la muerte de una joven servidora pública que se enfrentó a un atracador armado sin la protección elemental de un chaleco antibalas. Cayó en un acto de servicio a todos y no hay medalla al mérito que compense su sacrificio. Al dolor humano se une la humillante pregunta que tantas veces nos hacemos: si esa falta de medios de protección se debe a las políticas de austeridad. Y este cronista no sabe más que repetir: ¿de qué sirve la gloria estadística de algunos gobernantes por unos euros ahorrados si se ha condenado a alguien a la muerte?

Después, el domingo, el gravísimo suceso del Manzanares. Cuesta mucho hacerse a la idea de que dos grupos de adultos violentos se citan para pelearse, a sabiendas de que es un reto de sangre. Hace falta algo más que curiosidad para entender la degeneración de personas unidas para animar y defender a un equipo de fútbol y que terminan en la violencia máxima. Y es difícil entender que más de un centenar de individuos puedan desplazarse 600 kilómetros, y otro centenar largo pueda citarse a desayunar sin suscitar la menor sospecha de las fuerzas de seguridad, como si la policía no trabajase a esas horas. Se han creado unos monstruos. Se han creado unos seres de máxima agresividad. Y cuando la violencia es su forma de expresión y se compite a ver quién es el más fuerte, se puede cometer un crimen. Y se acaba cometiendo.

Tristemente, estos dos sucesos han sido las imágenes que Galicia transmitió. Tristemente han servido para que muy pocos medios difundieran la noticia del hundimiento del pesquero Safrán. Los dos desaparecidos también dejan una esposa, una compañera y una hija, dos familias rotas. Pero claro: solo es un accidente. Habitual de las gentes del mar. No dan para criticar al Gobierno ni a la policía. No dan para una tertulia de televisión.