Fútbol: una bomba en manos de incompetentes


Es lo de siempre. A cada tragedia en el fútbol sucede el espectáculo de los dirigentes políticos y deportivos escurriendo el bulto y prometiendo que, esta vez sí, se van a tomar medidas para impedir que se repita. Llevan décadas así. Y, mientras tanto, los muertos se amontonan encima de la mesa. Ocurre también que solo después de que se produzcan las desgracias nos enteramos de la desidia, la chapuza y la frivolidad con la que se gestiona la bomba de relojería que supone el hecho de que cada fin de semana miles de personas que hacen de la violencia su forma de vida se desplacen por toda España y se infiltren luego en recintos deportivos cerrados abarrotados con millones de espectadores en su interior, con el peligro y las situaciones de inseguridad que eso genera.

Dejar una realidad como esta en manos de políticos incompetentes y dirigentes deportivos irresponsables, como se ha podido comprobar en el caso del ultra del Deportivo fallecido a manos de violentos del Atlético de Madrid, es una temeridad por la que alguien debe responder. El problema está en los responsables de la Seguridad del Estado y del Deporte y en los órganos de dirección del fútbol profesional. Pero también en los clubes. Muchos dirigentes, y muchos jugadores, compadrean con los radicales y los subvencionan, además de alentar a veces con sus declaraciones el enfrentamiento y hasta el odio entre aficiones.

El fútbol no es solo un espectáculo de masas, sino también un negocio que mueve miles de millones de euros en España y que supone más de 1,5 % del PIB nacional. El por qué un sector y unos clubes cuyas cifras de negocio les sitúan en algunos casos a la altura de las mayores empresas del país y que tienen bajo su responsabilidad a millones de personas cada fin de semana siguen estando en manos de personajes cuyas declaraciones públicas, comportamiento y falta de cualificación serían absolutamente inaceptables en otras empresas, es algo que hay que analizar y corregir. Como hay que investigar también por qué reciben un continuo trato de favor por parte de Hacienda y de la mayoría de ayuntamientos.

Esos mismos dirigentes se lavan las manos, como si el asunto no fuera con ellos, cuando sucede una tragedia como la del domingo en Madrid. Lo mismo cabe decir de los máximos responsables de este deporte. El propio presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), Javier Tebas, propuso por ejemplo de manera irresponsable que se parara un partido en el Bernabéu entre el Madrid y el Barcelona para homenajear a Messi, con las peligrosas consecuencias que habría tenido semejante dislate. Sobre la frivolidad y falta de cualificación de Joseph Blatter, de la FIFA, Michel Platini, de la UEFA, o de Ángel María Villar, de la Federación Española de Fútbol, está ya todo dicho. Es un deporte, pero también un negocio y un factor de riesgo que debe estar regido y estrictamente controlado por profesionales competentes. Lo contrario es limitarse a esperar a la próxima tragedia.

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