Con la violencia no se debe mirar a otro lado


El Bloque Nacionalista Galego de A Coruña criticó ayer «o lamentábel asasinato do afeccionado do Deportivo a mans dos ultras neonazis do Atlético de Madrid». Censuró que el encuentro no fuera declarado de alto riesgo «malia ser a inchada ultra do Atlético moi violenta coas afeccións das nacionalidades históricas do Estado español e malia os antecedentes de agresións aos afeccionados e afeccionadas do Deportivo nos desprazamentos á capital de España. Finalmente, el Bloque cuestionó a la policía del «Estado español». «O BNG da Coruña cuestiona a actuación das forzas de seguridade españolas, pois a Policía Nacional española é moi tibia para evitar enfrontamentos coma os que tiveron lugar esta mañá en Madrid e é moi belixerante cando se trata de reprimir os movementos nacionalistas».

El delirante comunicado de la formación nacionalista sobre la muerte del ultra coruñés a manos de radicales del Atlético de Madrid explica en parte por qué no acaban de solucionarse problemas como el de la violencia en el fútbol. Los nacionalistas obvian por completo que la desgraciada muerte del coruñés se produjo en un enfrentamiento entre radicales madrileños y gallegos y que, según manifestaron ayer diversas fuentes, entre ellas policiales, la brutal pelea estaba planificada de antemano. Según estas informaciones, unos y otros se dieron cita para hacerse daño. Y el resultado final fue una muerte y varios heridos.

Pero con independencia de que la pelea fuera o no organizada cual si fuera un acto telonero del partido de las doce, el verdadero problema de la violencia es la legitimación que de ella se hace con determinados comportamientos ambiguos, tibios o sesgados. La cuestión de la brutalidad asociada al fútbol en Galicia no es la existencia en Madrid de un grupo de neonazis llamado Frente Atlético. En nuestra comunidad, el meollo es que hay grupos de ultras violentos que ya han demostrado su capacidad operativa. Y que cuando actúan y se miden a otros violentos forasteros nos la cogemos con papel de fumar a la hora de manifestarnos sobre la responsabilidad de unos y otros.

Proteger a un violento porque lleva la misma camiseta que nosotros es el mayor error que se puede cometer. Una cosa es mirar hacia otro lado cuando un futbolista de nuestro equipo comete penalti y otra muy diferente es considerar a un ultra que enarbola la bandera de la violencia como uno de los nuestros. Y esto vale para ciudadanos, dirigentes deportivos, autoridades y políticos. Solo si reprobamos sin ambages la violencia cercana acabaremos con ella. Si así se hiciera en Madrid, Barcelona o Galicia, quizá nunca habría sucedido la desgracia del Manzanares. Y Jimmy seguiría vivo disfrutando de su familia, de A Coruña, de Galicia y del Dépor.

En cambio, si nos limitamos a decir que el Frente Atlético es un grupo de criminales, quizá estemos en lo cierto, pero no arreglaremos nunca este problema.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
50 votos

Con la violencia no se debe mirar a otro lado