El pequeño Nicolás


Yo, cuando sea mayor, quiero ser pequeño. Concretamente, el pequeño Nicolás. Este chico en realidad es una metáfora de la política, una versión actualizada del cuento del rey que va desnudo. Uno que sale en la foto, y que a fuerza de salir en la foto se gana su puesto y acaba -acabaría si no hubiera sido pillado- como ministro de Fomento, por ejemplo. Porque pequeños Nicolases hay muchos, y algunos han llegado a eso. El pequeño Nicolás era como un perro recogido, un perro que busca un amo que le mande y que lo cuide. Nicolás estaba en la foto sin moverse, como manda Alfonso Guerra. Nicolás no quería moverse, sino salir en la foto, y ahora todos quieren matar al mensajero, que nos ha mostrado la desnudez del rey. Pero si yo fuese su profesor en el CUNEF le daría matrícula de honor, y si fuese La Pechotes le daría un beso apasionado. La política -la casta, que diría Pablo Iglesias, para, ipso facto, unirse a ella- está muy frecuentada por aventureros y arribistas que buscan colocación. El chaval quería unirse a la casta, jugar con los mayores, ser uno más. A Sempé, el dibujante francés que creó al verdadero pequeño Nicolás, le dedicó la feria del libro de Madrid una magnífica exposición hace ya unos años, y allí pudimos ver a su personaje, que pasó unos días entre libros y lectores. Sin duda, mejor compañía que la de este Nicolás Gómez Iglesias. Pero tiempo tendrá para enderezarse, que es joven y tiene mucha vida por delante. Y a lo mejor todavía lo vemos de ministro.

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