Gacelas de metal en Abu Dabi


Algo va a pasar volando a ras de pista en Abu Dabi. Serán gacelas de metal. Tenía que ser ahí. Abu Dabi significa en árabe padre de gacelas. Pagaron cincuenta millones para conseguir la puntuación doble que obligará a Hamilton y a Rosberg al duelo al límite. Mercedes contra Mercedes. Un inglés que ya es campeón contra un alemán de origen finlandés que sueña con serlo. Si Nico Rosberg muerde el cuello de Lewis, será la segunda saga campeona en la historia de la fórmula 1. Los Rosberg se unirán a los Hill. Keke, el padre finlandés de Nico, fue campeón en el 82, como lo fueron el mítico Graham Hill (dos veces, 62 y 68) y su hijo Damon (una, 96). Las irisaciones de la gasolina, el calor y el asfalto se mezclarán con la arena del desierto para que este final parezca más que nunca un irreal arco iris. La visión del oasis de la meta. Los dos son del 85. Son dos guapos, de su tiempo (it boys). Se llevan cinco meses y veinte días. El inglés es capricornio. El alemán, cáncer. Lewis ya sabe lo que es perder casi en la última curva, cuando Raikkonen alzó la copa en el duelo final. Se repite la historia. Hamilton tiene ventaja. Besar el culo de Rosberg, ser segundo, supone besar también la corona. ¿Irá Hamilton a amarrar encima de una máquina que va a trescientos kilómetros por hora y que corta el viento? Lo dudo. ¿Será nuestro Alonso solo testigo o podrá meter el codo? Solo pensar en lo que van a sentir el finde estos dos chavales subidos a esa bombas de gasolina altera el pulso de una momia. La audiencia de escándalo que siempre soñó Bono, el de U2, para dos coches ante un abismo. Solo gana uno.

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