¿Cuál es tu círculo?

Andrés Precedo Ledo CRÓNICAS DEL TERRITORIO

OPINIÓN

Un amigo llenaba de letras un folio en el que previamente había dibujado cuatro círculos. En el primero había escrito: «poder político, económico y financiero», y en torno a ellos frases como estas: «privilegios fiscales, rescate de pérdidas, compensación de riesgos, incremento de los beneficios, protección jurídica y legal de la corrupción, desregulación, estabilidad», y añadía: «partidos, bancos, energía, sindicatos, medios de comunicación». Del círculo salían dos flujos: «capital exento y exportaciones protegidas». Hacia abajo un solo flujo de entrada: «impuestos del trabajo». El segundo círculo estaba ocupado por «trabajadores, parados, pobres, rentas decrecientes, impuestos crecientes» y, en otro lado: «competitividad, salarios más bajos, disminución del consumo, reducción del ahorro, caída de la demanda interna, pérdida de empleos, círculo del empobrecimiento».

Había un tercer círculo paralelo al primero: «Alemania y países del núcleo duro, Banco Central Europeo, instituciones europeas» y al lado: «austeridad para un entorno de bienestar seguro». El cuarto círculo era el de los países del Sur y del Este de Europa. Y se leía esto: «más competitividad, salarios más bajos, reserva de trabajo, vacaciones baratas, mano de obra barata, servicios baratos, alimentación barata». Y en un lado: «inmigración como reserva de la fuerza del trabajo, eliminar el Estado de bienestar y sustituirlo por transferencias del ahorro a negocios privados, control social, participación restringida, desregulación económica, regulación social y democracia controlada». En medio, un pequeño círculo disgregado que ponía: «Cataluña. ¿Adónde va?».

El primer círculo crecía por acumulación, el segundo se hinchaba sin parar, el tercero y el cuarto se mantenían estables porque las decisiones del mando global así lo habían previsto, y el globito catalán se perdía en un abismo sideral. El problema estaba en el segundo, porque de tanto hinchar podía empezar a romper el envoltorio que lo sujetaba. Y, por eso, mi amigo se interrogaba a sí mismo: «¿Subversión social, ruptura política, cambio de paradigma? ¿Quién sabe?». Un tercero asertaba: «No os comáis la cabeza, que todo está mejorando y ya sabemos que para crear empleo hay que bajar los sueldos».

¿Cuál era su círculo? ¿Y el suyo cuál es? ¿O habrá que romperlos todos y empezar de nuevo? Al menos hemos de encontrar un nuevo punto de equilibrio.