No comprendo el empeño de Núñez Feijoo en presumir de adalid de la austeridad. No entiendo su afán por presentarse a los ciudadanos como el Manostijeras del gasto público y el Ángel Cristo que mejor doma el león del déficit. El discípulo más aventajado de la escuela merkeliana. ¿Acaso no percibe que afirmar que «Galicia cumple mejor que nadie» los dictados de Montoro, equivale a decir que «Galicia se sacrifica más que nadie»? Y abofé que ambas cosas son ciertas. Dice el presidente que Galicia es la tercera comunidad autónoma que registra menos déficit desde el año 2009. Y dice la EPA que Galicia es la comunidad autónoma donde más aumentó el paro desde el año 2009: un 70,5 %. Insisto: la que más, si exceptuamos a Ceuta. A este paso solo podremos jactarnos de poseer el mausoleo más lujoso del cementerio.
Miren, esto de apretarse el cinturón va por clases, como los compartimentos de los viejos trenes. Todos debemos seguir la dieta de adelgazamiento, pero unos más que otros. El lector ya habrá identificado a los «unos» con los flacos de solemnidad y a los «otros» con quienes llevan tirantes porque no hay cinturón que abarque su bandullo. Ley de vida, seguramente. Pero resulta francamente extraño que los condenados a tragar el aceite de ricino sean los que más alardeen de ello. Fíjense en los aspectos paradójicos del caso. El Gobierno español presume en Bruselas de ser el aprendiz más aplicado de la sastrería, pero al mismo tiempo se escaquea lo que puede y traslada a las comunidades autónomas la mayor parte del trabajo de reducir las mangas del déficit. Y entre las diecisiete comunidades, una de las más débiles no solo utiliza con entusiasmo las tijeras, sino que su presidente saca pecho para que le cuelguen en él las merecidas medallas.
La extrañeza sube de grado al comprobar que Galicia no lidera la brigada de demolición de las políticas sociales. Otras comunidades practican recortes aún más drásticos y combaten con mayor ahínco en las trincheras del déficit. Según Hacienda, cuyos datos consolidados de los presupuestos autonómicos solo alcanzan hasta el 2013, las diecisiete comunidades autónomas redujeron su gasto -sin contar la deuda- un 10,2 % en el bienio 2011-2013. Galicia, un 8,1 % en esos dos años. La mitad del recorte -en Galicia, algo menos: el 46,5 %- recayó sobre las tres funciones esenciales de las autonomías: educación, sanidad y servicios sociales. Por el contrario, la piqueta se cebó en Galicia en las infraestructuras, con una caída de la inversión superior al 24 %, cuatro puntos por encima del conjunto de comunidades autónomas. Y la comunidad gallega destaca, sobre todo, por el incremento del gasto en intereses y amortización de la deuda: un 83,5 % en solo dos años.
Núñez Feijoo no es -dicho sea en su honor- el héroe de guerra que pretende. No pasará a la historia por su encarnizada lucha contra el déficit público. Esperemos que tampoco por contribuir a hundir más la depauperada economía gallega. Aunque las insulsas cuentas de la comunidad autónoma para el 2015 no mueven precisamente al optimismo.