Podemos: su cielo no puede esperar

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Para qué andarse con rodeos: si la política española no estuviera hoy hecha unos zorros como consecuencia de la sinvergonzonería de un notable número de sujetos que se han dedicado a la vida pública con el objetivo primordial, y a veces único, de llenarse los bolsillos, lo de Podemos sería desternillante.

Vean, si no, la envergadura monumental del esperpento: un partido que celebra su primera asamblea general después de haber acudido a las elecciones europeas; que opta por no presentarse a las municipales en un documento elaborado y firmado por sus dos principales dirigentes; que decide no acudir a esos comicios con el argumento de que no se les cuele quien no sea de fiar; que se presenta como la quintaesencia de la democracia interna, aunque funciona en realidad como un partido leninista; o que coloca la foto de su líder (de su protagonista) en las papeletas electorales. Un partido, en fin, cuyo líder, en el colmo ya de lo grotesco, se agazapa arteramente en el bochornoso argumento de que, para no dar pistas a sus adversarios, no va a definirse ni como de derechas ni de izquierdas, pese a presentar como el colmo de la modernidad un programa disparatado, antiguo y radical de extrema izquierda. ¿Alguien da más?

No, el éxito de Podemos, que no discutiré mientras lo confirmen las encuestas, no es la consecuencia de la coherencia de sus ideas, el acierto de su programa o la democracia de su organización -pues carece de todo ello en grado sumo-, sino de la astucia de quienes han sabido presentar como virtud el más descarado oportunismo: Iglesias y los suyos sabían, como lo sabemos todos, que en España hay millones de personas cabreadas por los motivos más diversos, muchas veces contradictorios entre sí, y han tenido la habilidad de meter todo eso en una cesta sin preocuparse para nada de cómo podrían administrar llegado el caso intereses contrapuestos o aplicar medidas de Gobierno (negarse a pagar la deuda, por ejemplo) que llevarían a España directamente a la ruina.

Pero, mientras sigan produciéndose escandalazos transversales como el de las tarjetas de descrédito, en el que están implicadas personas que pertenecen a los tres grandes partidos y a los dos grandes sindicatos españoles (PP, PSOE, IU, CC.OO. y UGT), levantar el velo sobre la auténtica naturaleza de Podemos no servirá casi para nada.

Sí, en tanto Iglesias pueda acusar a los supuestos partidos de la casta de cosas verosímiles, él -al parecer, el más puro de los hombres de la tierra- seguirá ejerciendo de poeta populista con eso de que hay que tomar el cielo por asalto y no por consenso. La cursilería de la metáfora no evita que a quienes creemos que la democracia necesita de la constante búsqueda de acuerdos se nos pongan los pelos como escarpias al contemplar a este nuevo Robespierre de pacotilla.