Un parón liguero tras una derrota, que habitualmente deja a los jugadores ansiosos de jugar es el clavo al que se agarró hace quince días el Deportivo para dar un cambio radical en su rumbo.
Y, aunque insisto que a los jugadores no sueles gustarles, creo que a los blanquiazules puede venirles bien este impás en la competición. Porque es un tiempo extra que le ha permitido trabajar cosas, afinar, coger las sensaciones que quiere el entrenador.
Porque al Deportivo que jugó en Sevilla le hace falta mucho. Fue un equipo al que le faltó intensidad defensiva y saber a qué jugaba. Es cierto que el rival y el campo no ayudaban, pues el Sevilla es un conjunto muy complicado que en el Pizjuán aprieta mucho arropado por su gente. Pero los coruñeses cometieron el grave error de dejar recibir a futbolistas de mucha calidad en zonas del campo que son letales. Ahí es donde yo entiendo que les faltó esa intensidad necesaria y que acabó con un resultado que no tiene discusión alguna.
Y ahora llega el Valencia, que es un equipo muy complicado porque llega en un gran momento. Está haciendo una temporada a un nivel altísimo. Y el Dépor, aunque le quedan muchas oportunidades, necesita obtener un buen resultado ya que le dé tranquilidad.
No creo que el hecho de jugar en casa, a pesar de que la afición esté lógicamente enfadada, pueda pesarles. Porque todos sabemos cómo es la gente aquí de entregada y seguro que arroparán al equipo. Ahora falta que este responda.
Parece que va a jugar Lucas, noticia positiva, porque es un jugador diferente a los que hay en el fútbol español. Tiene unas condiciones desequilibrantes extraordinarias y esperemos que la ansiedad no le juegue otra mala pasada.