Con tantos asesores, Pedro Sánchez va a terminar escuchando voces por las noches. El líder del PSOE, en su precampaña por acercarse a los votantes, no puede entrar a todo. Tanta presencia va a acabar con él antes de empezar. El carisma es medirse. Y Pedro Sánchez se mide más bien poco. Y solo la cosmética no llena las urnas. Aunque una reciente encuesta le ha subido el humor, Pedro cada vez más parece «Pedremos» en su apuesta por un populismo descarado. Ese pulso con el partido de Pablo Iglesias lo va a matar. El toro de La Vega fue la primera, alanceando él el prime time televisivo. Pero es que luego todavía las dijo más gordas. Lo de los funerales de Estado para todas las víctimas de la violencia de género es de una demagogia increíble. Lo que quieren los que sufren esa lacra es protección y medidas para salir adelante. No quieren que el Estado se gaste una pasta en viajar a cualquier punto de España para dar una palmada en la espalda a la familia. Lo que desean es que hasta el último céntimo (más educación, más medidas, más policías, más rapidez en la justicia) se emplee en evitar el funeral. Y Pedro Sánchez tampoco se ha enterado que vivimos en el siglo XXI y se queda tan tranquilo diciendo en una entrevista que adiós al Ejército. El Ejército es necesario. Muchas veces es un ejemplo es sus misiones por el mundo. Y, con la amenaza del Ejército Islámico, es genial que tengamos un posible presidente que mande a las tropas para casa. «Pedremos» quiere contentar a todos y no se puede hacer política con todas las barajas.