Aunque la estampida de los bisontes en el Bernabéu aplastando al Athletic, amenazó con silenciar a las chicas, más que nunca hay que hablar de ellas y con ellas. Los medios de comunicación solemos aplicar sordina a los llamados deportes minoritarios. Y la sordera se multiplica cuando son chicas las que juegan. Tanto hablar de la prodigiosa final de los Gasol y Cía con Estados Unidos (que nunca sucedió, el cuento de la lechera) y resulta que fueron ellas las que consiguieron ese duelo de gigantes. Con un entrenador de verdad en el banquillo, la selección de baloncesto femenino hizo un mundial implacable e impecable hasta la final. Pero es que la final (de momento) ya era la meta. No todo va a ser fútbol. Hay más deportes. Y da gusto cómo juegan en equipo, todas para una y una para todas. Como las chicas del fútbol, que también están en racha e irán al mundial (con estrella gallega: Vero Boquete). Apréndanse los nombres de nuestras torres y alfiles. Recítenlos: Palau, Xargay, Torrens, Nicholls, Lyttle, Domínguez, Cruz... Se lo merecen. La semifinal ante Turquía, en la casa del lobo, con diez mil gargantas en contra, fue un prodigio de coraje. Como en la vida, hay que saber apretar los dientes y encestar silbando. Gusta más, porque se les apoya tan poco.