La burla de Pujol

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

Artur Mas firmó el decreto de convocatoria de la consulta el día después de la esperpéntica comparecencia de Jordi Pujol en el Parlamento catalán. Es evidente que quería taparla, sepultarla, que sus efectos quedaran neutralizados lo más posible por la euforia independentista que se desató una vez que consumó su desafío al Estado Pero fue un espectáculo tan deplorable, tan bochornoso, tan surrealista, el que protagonizaron el ex molt honorable y su partido que no se puede dejar pasar. Un defraudador fiscal confeso y jefe de un clan familiar que presuntamente saqueó durante muchos años Cataluña se permitió abroncar a los parlamentarios que le demandaban que respondiera a unas preguntas muy concretas sobre su fortuna, y amenazó con tirar de la manta al más puro estilo mafioso. Si yo caigo, caéis todos conmigo. Ni una sola respuesta, una auténtica tomadura de pelo, una burla indecente, a los representantes de la soberanía popular, a los ciudadanos catalanes y al resto de los españoles, de alguien que aún se cree intocable, porque lo ha sido hasta que apoyó sin ambages la deriva independentista. La deplorable actuación del portavoz de CiU arropando y defendiendo a alguien que ya ha reconocido que ocultó millones al fisco durante 34 años resultó indigna y muestra que Pujol tiene a sus dirigentes aterrorizados. ¿O es que el 3%, el 5% o el 20% de las comisiones solo se lo llevaba la famiglia? El posterior besamanos de los miembros de CiU, que pasaron a saludar y luego escoltaron en su salida a un octogenario colérico, lleno de soberbia y prepotencia, que había menospreciado y vilipendiado a los parlamentarios, provoca vergüenza ajena. Señor Pujol, ahora sí toca que dé explicaciones de una vez a ese pueblo que tanto dice amar.