Tonadillera a la sombra


Hay un universo paralelo donde a Bustamante le pagan 15.000 euros por leer un pregón y Kiko Rivera (Paquirrín) trabaja de pinchadiscos. En esa galaxia lejana vivía hasta ahora Isabel Pantoja, madre de Paquirrín, nieta de Pepoño de Jerez, prima de Chiquetete, y viuda de Paquirri y de España toda. La Pantoja, de profesión sus tonadillas, estaba feliz en su nube de coplas viejunas y bolsas de basura llenas de billetes de 500. Pero su planeta Disney ha tropezado con el meteorito en el que vivimos apretujados y esquilmados los peatones, que no se parece al plató reluciente de Aló secretario general, sino a la cola del súper. Y de pronto, la voz de hitos de la canción (y de la poesía) como Me estoy muriendo a chorros o Tú serás mi Navidad, está a punto de tirarse un par de años a la sombra (y de chándal) por blanquear un capital que llegaba a casa tan negro como el huevo que Adelina le pasaba a Pujol por los lomos. Pura España cañí. Porque en un país serio a la Pantoja no la enviarían a la trena, sino a ganar Eurovisión.

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