Que se explique


Pone las condiciones, comparece ante el Parlamento catalán cuando lo estima oportuno y aun va a haber que agradecerle su disposición a contestar preguntas y las ganas de explicarse que dicen que tiene.

Visto con frialdad, tampoco hay que extrañarse. Al fin y al cabo, Jordi Pujol lleva toda la vida poniendo condiciones. Se las ponía ya a González o a Aznar a cambio de los votos que les faltaban para la mayoría en el Congreso. A cambio, obtenía prebendas para su Cataluña, a la que casi todos estábamos convencidos de que estaba absolutamente entregado.

Millones de ciudadanos quisimos creer durante mucho tiempo que se trataba solo de votos por estabilidad. La rocambolesca historia de la herencia que olvidó declarar durante décadas ha provocado que afloren a borbotones todas las sospechas acumuladas durante todo ese tiempo sobre sus herencias, sus negocios, sus cuentas, sus porcentajes, sus componendas y sus engaños continuados, sobre todo al pueblo catalán para el que decía que vivía y se desvivía, y al que él y sus herederos políticos han llevado a un escenario de división envuelta en banderas de independencia, pero con realidades de recortes sociales y empobrecimiento. Como en el resto de esa España que dicen que les roba.

Que se explique, que tiene mucho que decir. Sobre sus herencias, sus porcentajes, sus olvidos... Y sobre coincidencias tan extrañas como que investigaciones tan antiguas no hallasen pruebas hasta que él y sus herederos políticos ponen sobre la mesa la amenaza secesionista.

Si es censurable manipular los sentimientos de un pueblo, también lo sería tapar delitos por intereses de partido.

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