Una decisión práctica


Con los nombramientos de ayer, el papa Francisco ha demostrado que es jesuita hasta la médula. Y es que su decisión sigue una clara orientación probabilista, el sistema moral que los jesuitas han seguido desde el siglo XVI: esta manera de entender la moral indica que, en caso de duda, se puede seguir una opinión probable, aunque exista otra que sea más probable.

Dentro del actual contexto social y eclesial español, el papa tenía que transmitir con total nitidez que la «era Rouco» había llegado a su fin y que se impone una acción episcopal basada en la alegría, la fraternidad, la acogida, la escucha, la humildad y el servicio. Y aunque, seguramente, le hubiese gustado sorprender con un obispo que no hubiese estado en ninguna quiniela y que plasmase mejor ese nuevo dinamismo, ha tenido que conformarse con una decisión práctica, también buena, debido a la necesidad de traer para España al cardenal Cañizares. En definitiva, el papa Francisco ha hecho encaje de bolillos, demostrando que no solo es un pastor que huele a oveja, sino que también es un buen gobernante, con una excelente cintura política. Por otro lado, y dada su edad (ambos nacieron en 1945), estamos ante unos mandatos necesariamente breves (recordemos que con 75 años han de presentar su renuncia al cargo); aunque, bien administrados, pueden suponer el acicate dinamizador que la Iglesia española precisa con urgencia.

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