La izquierda no vale para esto


Hago este apunte antes de que Manuel Valls, primer ministro francés, haga público su nuevo Gobierno. No tiene mayor importancia: al fin y al cabo, tampoco tengo conocimientos bastantes del país vecino como para juzgar a los nuevos ministros. Lo que sí creo que importa es lo que revela la crisis política desatada en Francia. Recordemos el ambiente: mientras Merkel y Rajoy ensalzaban en Santiago las virtudes de la austeridad y las reformas estructurales, es decir, los recortes, en París reventaba el Gobierno de Valls-Hollande justamente por eso: porque sus ministros, singularmente el de Economía, no aceptan ni los recortes ni las demás medidas de austeridad. Son socialistas y dicen que han sido votados para lo contrario: para garantizar el bienestar de los ciudadanos. Mientras, el presidente Hollande se encamina a ser el francés más odiado porque, si hace lo que tiene que hacer, lo rechazan sus propios simpatizantes; pero, si no lo hace, mete a su país en una crisis económica todavía mayor. Una situación endiablada.

Todo esto revela una grave cuestión de fondo que la socialdemocracia debe meditar: la izquierda es magnífica en situaciones de calma social y económica; en situaciones de crisis, o se divide por la discrepancia de sus conflictos entre el corazón y la razón, o directamente estalla, como le puede ocurrir en Francia. No vale para el reparto de sacrificios, porque está hecha para el reparto más equitativo de la prosperidad. Tiene la razón teórica, porque promete la justicia y la equidad. Falla en la razón práctica cuando hay que hacer operaciones quirúrgicas. Y la prueba está en la comparación con España. Aquí Mariano Rajoy se metió en la práctica de los recortes sin miramientos, metiendo el bisturí donde más dolía. Y no rechistó nadie: ni sus ministros, ni su grupo parlamentario ni ninguna agrupación local del PP. ¿Es que tiene más autoridad Rajoy que Valls y Hollande? Es probable. Pero es también que la derecha parece más legitimada para los ajustes. Parece que le acompaña la razón técnica. Incluso la razón populista: el antecesor ha sido el desastre y se necesita un salvador. E incluso la razón estratégica: una atención social vendida por la derecha, parece más atención y más social que la vendida por la izquierda.

Es un buen tema para reflexión de la socialdemocracia, acabo de decir. Acerco un poco más el objetivo a las personas: es un buen tema para la reflexión de nuestro joven socialista recién estrenado, don Pedro Sánchez. Si yo estuviera en su piel, no me apresuraría tanto a combatir el dúo Merkel-Rajoy: alguien le puede poner ante sus ojos los datos del Gobierno socialista español y ahora mismo la angustia moribunda del socialismo francés.

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