No tiene necesidad de utilizar otro juicio que no sea el populismo. Solo precisa incomodar a independentistas y rancios «derechistas»; a los demás quiere seducirlos. Incluso las huestes conservadoras ven en él a un hombre cabal (lo dijo Gallardón, que es ojo de lince). Será capaz de prometer un sueldo base que duplique el actual o afirmar que la sanidad y la educación públicas (mantra socialista) mejorarán; o que Rajoy quiere acabar con ellas. Solo precisa ejercer una demagogia de baratillo y, obviamente, sonreír. Cada vez que sonríe le saca votos a Rajoy. Hay numerosos motivos para ello. El principal es la comunicación pésima del PP de Madrid. Yo no sé si Rajoy lo sabe, aunque imagino que sí: se levanta cada mañana con dos grandes cadenas televisivas con un único ánimo, este, que deje de ser presidente del Gobierno. Y la cadena de radio más escuchada de España hace lo propio. En tanto, Rajoy adolece de una vicepresidenta desaparecida, muda, que ejerce únicamente de portavoz del Consejo de Ministros. Por eso digo que Sánchez tiene todo por ganar, y Rajoy por perder. Está solo, más que cuando subía el Tourmalet de la oposición. Alguien debiera decirle que si no está arropado, se le irá el Gobierno. Que hay que defender las ideas, como hacen los propagandistas de la izquierda. Y que Mato, y Wert, y? no le ayudan. Y que pierde votos cada vez que Pedro Sánchez, sin más que añadir, sonríe.